jueves 29 de octubre de 2009

La Chimoltrufia



Perspectivas
Por Gerardo Mato Arauz

Sin duda alguna, no hay sobrenombre mas ad hoc para nuestros flamantes diputados federales, en especial para la mayoría de los que representan el Estado de Veracruz, que el de los “chimoltrufios”, mote que les ha conferido la opinión pública y que sin lugar a dudas nuestros legisladores se han ganado a pulso palabra por palabra y acción por acción, dada su mediocre o nula participación en la reciente discusión y construcción del paquete fiscal para el 2010.
Bajo la nada elocuente frase del “yo como digo una cosa digo otra… y eso que ni qué”, la maldición de la Chimoltrufia recorre el país como un estigma maldito en las diferentes esferas de la política que rige este país, desde las cámaras legislativas, los partidos políticos y los gobiernos estatales hasta las pequeñas parcelas y cotos de poder que representan ciertos sectores como los sindicatos y otras tantas instituciones públicas y privadas. Lo que pone en perspectiva que la demagogia hoy se arropa en forma de retórica falaz a la que cada día nuestros dirigentes y gobernantes siguen recurriendo en aras de mantener el poder y seguir conservando los privilegios que les representan sus encumbradas posiciones.
Sin embargo, mucho cuidado deben tener quienes llevan las riendas del país y el estado, al jugar con la sociedad creando falsas expectativas y compromisos que van más allá de su verdadero alcance, pues la mentira y el engaño son dos instrumentos que los mexicanos por conciencia histórica hemos aprendido a distinguir en la práctica de nuestros políticos y dirigentes.
No ha desaparecido la tenencia vehicular como se comprometió Felipe Calderón en campaña.
La bursatilización de algunos recursos del estado de Veracruz sí es deuda pública, aunque nos habían dicho que no.
Si aumentaron los impuestos, contrario a lo que prometieron los legisladores Carolina Gudiño y Salvador Manzur en sus distritos; y Javier Duarte en sus giras por el estado.
Indudablemente los costos políticos que ello trae en consecuencia son la prueba fehaciente de que cada vez es más difícil engañar al ciudadano común, quien realmente paga las consecuencias de las decisiones y acuerdos que en lo oscurito tejen nuestros gobernantes; como por supuesto pasará cuando se ponga en práctica la aún discutida miscelánea fiscal.
Hoy la ciudadanía tiene en la tecnología armas y recursos que le permiten estar mejor informada y observar con mayor prontitud y veracidad la acción de los políticos. El PAN ya probó en las recientes elecciones federales los costos del poder que tiene la conciencia colectiva, el PRI tendrá que poner sus barbas a remojar, sobre todo porque el delfín de Herrera Beltrán tendrá mucho que hacer para remontar su raspada imagen como “representante” de verdad, de quienes lo eligieron y no de quien en Palacio de Gobierno le maneje la conciencia.