domingo 1 de noviembre de 2009

No hay dinero que alcance


Con solo caminar y platicar con la gente que se encuentra, el tema del reciente incremento a los impuestos se impone y junto con el tema surge un hartazgo generalizado sobre los legisladores que se amplia a toda la clase política.
Detras de la molestia por el incremento de impuestos existe la certeza de que sin importar la situación económica del pueblo, los políticos solo ven sus propios intereses, siempre disfrazados de “interes nacional y patriótico”, y evaden las responsabilidades que han adquirido al ser electos representantes populares.
Lo que resulta sumamente preocupante, es que cada año los recursos alcanzan para menos, las obras se cotizan más caro que en años anteriores, los aumentos a salarios de las cúpulas son constantes mientras el salario mínimo se mantiene en niveles raquiticos.
Cada año, las dependencias (cualquiera) incrementan sus presupuestos bajo el pretexto de “se incrementó proporcional a la inflación”, pero el nivel de vida de los mexicanos se degrada en la misma proporción.
A este ritmo no habrá dinero que alcance nunca, siempre existirán “boquetes económicos” que cubrir y nuevos y más impuestos que solicitar a un pueblo de por si agobiado por el costo de vida en el país.
Los datos son duros, es un porcentaje menor al 50% de la población el que aporta con su trabajo y participación hacendaria al desarrollo del país. Los grandes corporativos del país aportan aproximadamente el 30% de los ingresos hacendarios. El resto lo obtiene el gobierno por los ingresos petroleros y por la recaudación ciudadana.
Hace unos días escuchaba a una persona que como mexicanos debemos entender que todos somos corresponsables y debemos pagar impuestos. Hasta ahí el discurso es legítimo. Lo injusto es que los impuestos se determinen provocando desequilibrios graves que imposibilitan al país a crecer de forma pareja.
Lo injusto es que ante una crisis mundial la clase gobernante pretenda mantener sus niveles presupuestales con miras netamente electorales.
Lo criticable es que, ante el gasto excesivo que se genera en cada elección estatal o federal, las arcas publicas se saquean sin pudor. Cada elección es más cara que la anterior, cuesta más el voto unitario, cuestan más los elementos promocionales, cuestan más los operativos para acercar a la gente a las urnas, cuestan más las despensas y apoyos que se entregan como requisito para que los ciudadanos voten.
Lo que no se vale es que el ajuste presupuestal surja unicamente del pueblo, sin que los gobernantes se aprieten el cinturon.
Ahora resulta que toda obra es prioritaria, que todo apoyo es indispensable.
Y lo peor de todo es que los desequilibrios en nuestro país y en nuestros estados cada vez son más visibles. Los servicios, por los que pagamos con nuestros impuestos, son de mala calidad.
Esta situación no puede sostenerse. Los legisladores, y en general la clase política, debe entender que la molestia que se vive por los incrementos del próximo año a los impuestos se pueden convertir en un asunto más grave e inestable.
Los políticos deben dignificar la política. Recuerden que el pueblo enojado no entiende palabras, mucho menos argumentos falsos. El pueblo enojado solo entiende el lenguaje de los golpes.
Y cuando todo el pueblo habla, es dificil detenerlo.